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Lámina sobre tabla "Madonna Sixtina". Autor: Rafael Sanzio. Disponible en varios tamaños, desde 8,22 €.
Medidas totales del cuadro: Ancho: 30 cm x Alto: 24 cm
Necesario

Obra: Lámina sobre tabla "Madonna Sixtina". Autor: Rafael Sanzio. Disponible en varios tamaños, desde 8,22 €.

Cuadro lámina "Madonna Sixtina", sobre soporte de madera. Detalle de los querubines de la parte inferior del cuadro. Disponible en dos acabados diferentes: Texturizado arena o reproducción sobre cristal. Añada si lo desea alguno de nuestros marcos y consiga resultados únicos. Dispone de más información al respecto en las secciones -Tipos de marcos- y -Tipos de acabados-.

Autor: Rafael Sanzio.

Rafael ha sido considerado históricamente, junto con Leonardo y Miguel Ángel, como uno de los pilares del Cinquecento italiano, además de uno de los grandes genios de la pintura de todos los tiempos. Deudor en sus inicios de influencias quattrocentistas, se erigirá en representante perfecto del arte clasicista antes de que éste entre en su etapa de "decadencia" (y Rafael con él en sus últimos años, arrastrado por el potente manierismo miguelangelesco).
Nació en Urbino en 1483, hijo de un pintor no demasiado excelente, Giovanni de Santi, pero que tuvo el buen criterio de encaminar los pasos de su vástago hacia el mundo del arte. Será con el padre con quien inicie Rafael su aprendizaje, ayudándolo en el desarrollo de algunas de las obras que tenía encargadas en Urbino, pasando posteriormente a conocer los rudimentos de la pintura de manos de Timoteo Viti antes de ser enviado a Perugia a formarse en compañía de Pietro Vannucci, más conocido como El Perugino. Pronto, el discípulo alcanzará al maestro, llegando incluso a ser difícil distinguir lo ejecutado por la mano de cada uno de ellos, como se puede apreciar en algunas obras primerizas como "Coronación de la Virgen", en la que Rafael colaboró realizando algunas figuras (hacia 1502). Durante toda la etapa inicial de formación del artista va a ser apreciable la influencia del estilo peruginesco en su obra, influencia a la que no se sobrepondrá hasta que no viaje a Florencia, conozca la obra de Leonardo y trabe amistad con diferentes artistas que resultarán del mismo modo influyentes en su pintura (como Fra Bartolomeo), surgiendo entonces un Rafael mucho más personal (que se tornará ligeramente monumental una vez conozca en Roma la obra de Miguel Ángel).
Sin embargo, antes de asentarse en Florencia, viajór a Città del Castello, donde pintó la "Pala del Beato Nicola da Tolentino" (su primer encargo conocido, datado hacia 1500 y del que no se conservan apenas más que unos fragmentos), realizó una maravillosa "Crucifixión para la Iglesia de Santo Domingo" (1503) y ejecutó su obra primeriza más importante: los "Desposorios de la Virgen" (1504). Se cree que posteriormente debió viajar a Siena llamado por su amigo Pinturicchio para realizar una serie de dibujos para la obra de decoración de la Catedral sienesa, sin embargo esta colaboración no es segura y dicha teoría ha sido desdeñada por la crítica moderna.
Hacia 1505 se instaló en Florencia, ciudad donde llevó a cabo un buen número de encargos, algunos de los cuales dieron lugar a esas composiciones marianas que tanta fama le han otorgado, caso de la llamada "Madonna del Gran Duque" (1504), la "Madonna del Jilguero" (hacia 1506), la "Madonna de Casa Colonna" (sobre 1507), "La Bella Jardinera" (finalizada por Ghirlandaio) o la "Madonna del Baldaquino" (encargada alrededor de 1508 por los Dèi florentinos para el altar de la capilla que poseían en la iglesia del Santo Spirito y que no llegó a acabar).
Ciertos encargos de esta época quedaron en manos de diversos pintores para su término cuando Rafael fue llamado en 1508 a Roma por Bramante (el cual estaba al servicio del Papa Julio II) para colaborar, junto con otros artistas, en la decoración de las estancias palatinas vaticanas. En la Stanza Della Segnatura se pueden admirar obras debidas al pincel de Rafael como la famosa "Escuela de Atenas" (1509-1510), "El Parnaso", "La Disputa del Santísimo Sacramento" (hacia 1509), y los frescos "Las Virtudes", "Triboniano entrega las Pandectas" y "Gregorio X recibe las Decretales". El buen hacer de este maestro impresionó tan favorablemente al Papa Julio II que le encargó le decoración de otra sala, la Stanza de Heliodoro, donde va a llevar a cabo, en ocasiones con ayuda de sus discípulos, las escenas de "La Expulsión de Heliodoro" (1511-1512), "La Misa de Bolsena" (1512), la "Liberación de San Pedro" (1514), y, ya en época del Papa León X, el "Encuentro de Atila con León Magno". Con respecto a la decoración de una tercera estancia, encargada por el nuevo Papa, se considera que de todas las escenas la única llevada a cabo por Rafael habría sido "El incendio del Borgo" (hacia 1515), quedando el resto de las mismas en manos de sus colaboradores.
En Roma realizará además la que ha sido considerada como su más hermosa obra: los frescos para la capilla de Agostino Chiggi en Santa María Della Pace, conocidos bajo el título de "Sibilas y ángeles" (1512-1514) y en los que el conocimiento de la obra miguelangelesca es patente de nuevo (Rafael habría visto la Capilla Sixtina con ayuda de Bramante).
A la par que estas obras, Rafael continuará ejecutando los diversos encargos que va a ir recibiendo en estos momentos (como la "Madonna del Pez", la "Madonna del Divino Amore", la "Santa Cecilia de Pucci" o la "Madonna de Foligno") y dará rienda suelta a su otra conocida faceta como retratista, plasmando en sus lienzos a una buena parte de sus coetáneos (Papas, integrantes de la familia de los Médici, el famoso Baltasar Castiglione, etc.).
Rafael muere en 1520, cuando estaba pintando la que será su última e inconclusa obra, la "Transfiguración", dejando tras de sí un buen número de seguidores que tratarán de imitar su estilo en los años venideros.

- Madonna Sixtina -

También conocioda por "Madonna de San Sixto", este lienzo con la Virgen, el Niño Jesús, San Sixto y Santa Bárbara se caracteriza por el espacio imaginario creado por las propias figuras, que están de pie sobre una cama de nubes, circundadas por un gran telón abierto. La figura de la Virgen transmite la sensación de estar descendiendo del espacio celestial hacia el mundo real, en el que el cuadro está colgado. El gesto de S. Sixto y la mirada de Santa Bárbara parecen dirigirse a alguien que está detrás de la balaustrada en la parte inferior del cuadro (quizás un creyente). La tiara papal, posada sobre dicha balaustrada, sería el nexo de unión entre el espacio pictórico y lo real.
Generaciones de visitantes a la Gemäldegalerie de Dresde han quedado profundamente impresionados por la forma en la que Rafael representó a la Virgen en esta pintura. Se ha reproducido numerosas veces, hasta el punto de que esta Madonna de San Sixto es un prototipo, la imagen idealizada de la Virgen María, acentuando su carácter espiritual. Por lo demás, el detalle de los pequeños ángeles que están sobre la balaustrada, conocidos como 'Angelitos', ha sido reproducido y versionado en numerosas ocasiones.
En este cuadro Rafael, a través de un proceso de depuración iconográfica que libera el cuadro de elementos accesorios, representa no la visión de lo divino por parte de los devotos, sino lo divino que aparece y se dirige a los devotos, aquí no representados sino claramente perceptibles, a través de los gestos y las miradas del grupo sagrado al contemplar la tienda y la balaustrada que sirven de punto de contacto entre lo celeste y lo humano.
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