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Lámina sobre tabla "El castillo de los Pirineos". Autor: René Magritte. Medidas: 50x70 cm.
Medidas totales del cuadro: Ancho: 50 cm x Alto: 70 cm
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Obra: Lámina sobre tabla "El castillo de los Pirineos". Autor: René Magritte. Medidas: 50x70 cm.

Cuadro lámina "El castillo de los Pirineos". Disponible en dos acabados diferentes: Texturizado arena o reproducción sobre cristal. Añada si lo desea alguno de nuestros marcos y consiga resultados únicos. Dispone de más información al respecto en las secciones -Tipos de marcos- y -Tipos de acabados-.

Autor: René Magritte.

Poco se conoce acerca de los primeros años de Magritte. René François Ghislain Magritte nació en Lessines, provincia de Hainaut, en 1898, siendo el mayor de los hijos de Léopold Magritte, quien era sastre y comerciante de telas, y Regina (nacida Bertinchamps). Comenzó sus lecciones de dibujo en 1910. El 12 de marzo de 1912 su madre se suicidó ahogándose en el río Sambre. Éste no fue su primer intento, lo había intentado anteriormente en dos ocasiones, obligando a su esposo Léopold a encerrarla en su dormitorio. Su cadáver fue descubierto flotando en el río, tras haber conseguido escapar de su encierro. De acuerdo a la leyenda, Magritte, que entonces tenía 13 años, estaba presente cuando el cuerpo fue recuperado del agua, pero recientes investigaciones han desacreditado esa historia. La imagen de su madre flotando, su vestido oscureciendo su cara, podría haber influenciado una serie de pinturas de 1927 a 1928, incluyendo "Los amantes". En cualquier caso, a Magritte nunca condirmó esta explicación.
Magritte realizó sus primeros cursos de pintura en Châtelet. En 1915 comienzó a elaborar sus primeras obras de acuerdo al estilo impresionista. Entre 1916 y 1918 estudia en la Academia de Bellas Artes de Bruselas. Expuso por primera vez en el Centro de Arte de Bruselas en 1920 junto a Pierre-Louis Flouquet, con quien compartía un estudio. Tras el servicio militar trabajó temporalmente como diseñador en una fábrica de papel. Tras analizar las corrientes más vanguardistas (entre las que se encuentran el Cubismo, el Futurismo y la Nueva Objetividad), Magritte conoce en 1923 el arte de Giorgio de Chirico a través de la obra "La canción de amor", quedando impresionado profundamente. A partir de 1926 se independiza de las influencias anteriores y basa su estilo en el de De Chirico. En 1923 participa con Lissitzky, Moholy-Nagy, Feininger y Paul Joostens en una exposición organizada po el Círculo Real Artístico.
En 1927 se establece en las cercanías de París, participando durante los tres años siguientes en las actividades del grupo surrealista. Destaca sobre todo su relación con Éluard, Breton, Arp, Miró y Dalí). Magritte aportará al Surrealismo parisino un resurgimiento del ilusionismo. A diferencia de Dalí, Magritte no usa la pintura para expresar sus obsesiones privadas o sus fantasías, sino que se expresa con agudeza, ironía y un espíritu de debate. Su estilo, también llamado "realismo mágico", parte de la metafísica de De Chirico y se caracteriza por la asociación libre e inesperada de elementos sin relación alguna con los que produce una sensación de extrañamiento y misterio. A la pintura de Max Ernst debe la introducción de imágenes cotidianas con objetos corrientes realizados con una pintura simple de fondos planos y colores claros. La teoría de Magritte es cambiar la ambigua relación entre palabras, imágenes y los objetos que éstas denotan. Magritte explorará en toda su obra el problema del espacio real frente a la ilusión espacial, que es el trasunto de la pintura misma. Por este motivo cambia el tamaño de los objetos retratados, sus perspectivas y realiza las combinaciones más complejas entre el lenguaje y naturaleza de los objetos. Esta nueva figuración que tiene sus orígenes en las ilustraciones de primeros de siglo, determinará las bases para el desarrollo del arte pop o el arte conceptual.
René Magritte regresó en 1930 a Bruselas huyendo del ambiente polémico parisino, y allí pasará tranquilo el resto de sus días.
En 1933 realiza una exposición individual en el Palacio de Bellas Artes de Bruselas y en 1936 en Estados Unidos, en la galería Julien Levy de Nueva York. En ese mismo año su obra está presente en el Museo de Arte Moderno de Nueva York.
En los años cuarenta la obra de Magritte adopta una paleta y una pincelada de claro estilo impresionista y en 1947-1948 desarrolla su línea de cuadros llamados fauvistas. La respuesta de la crítica es en general hostil hacia estas obras y Magritte vuelve a su acostumbrado estilo. Son característicos de los años cincuenta los cuadros en los que tanto figuras interiores como paisajes y objetos aparecen convertidos en roca.
Las formas básicas y los temas, sin embargo, continúan la fantasía del lugar común durante los años sesenta. Una escena urbana nocturna a la que se le superpone un cielo azul con nubes de atardecer flotando; carreras de jockeys en coches y por habitaciones; o una elegante amazona paseando por un bosque mientras es segmentada por los árboles. Pero el mundo de Magritte contiene siempre al misterioso hombre invisible con bombín y abrigo negro solo o en grupos, como en "Golconda" (1953), donde una multitud de ellos desciende sobre la ciudad.
A lo largo de los años cuarenta expone asiduamente en la galería Dietrich de Bruselas y en los dos decenios sucesivos recibe numerosos encargos para la ejecución de pinturas murales en Bélgica.
Desde 1953 expone frecuentemente en la galería Alexander Iolas de Nueva York, París y Ginebra. Se organizan retrospectivas sobre su obra en 1954 en el Palacio de Bellas Artes de Bruselas y en 1960 en el Museo de Arte Contemporáneo de Dallas y en el Museo de Bellas Artes de Houston.
Viaja por primera vez a Estados Unidos en 1965, con motivo de una retrospectiva que el Museo de Arte Moderno de Nueva York le dedica. Muere en Bruselas el 15 de agosto de 1967, pocos días después de la inauguración de una importante muestra de su obra en el Museo Boymans Van Beuningen de Róterdam. Todos sus escritos fueron reunidos en 1979 en la obra "Écrits complets".

- El castillo de los Pirineos -

Max Ernst decía una frase que, con ser huidiza, revela algo del misterio de Magritte: “Hace un tiempo de Magritte”. Para Pere Gimferrer, autor de una excelente monografía sobre el pintor belga, lo que Ernst trataba de expresar con tan enigmática frase es que Magritte es una climatología, una propensión, un estado de ánimo, un mundo, una atmósfera.
Para crear su mundo, en consonancia con las más genuinas perturbaciones surrealistas, Magritte recurre siempre a la realidad: se apropia de sus elementos y desplaza su sentido combinándolos con otros elementos o soltándolos en paisajes en los que nunca podríamos encontrarlos en la pobre realidad o aumentándoles el tamaño desmesuradamente.
Los mejores hallazgos de Magritte se dan en los momentos en que es capaz de llevar la combinación a un estado donde no hay precipitaciones retóricas. En “El castillo de los Pirineos”, una roca inmensa está coronada por un castillo que va a caer al mar (o puede que no caiga, sino que despegue, o quizá está suspendida en el aire). Como dice Gimferrer, Magritte pintó cosas inexistentes en el ámbito de la percepción fenoménica, e inconcebibles con los datos de que ésta dispone. Magritte crea en definitiva un tiempo distinto, otro clima, otro mundo.
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