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Lámina sobre tabla "Niños en la playa". Autor: Joaquín Sorolla. Disponible en varios tamaños, desde 31,80 €.
Medidas totales del cuadro: Ancho: 60 cm x Alto: 40 cm
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Obra: Lámina sobre tabla "Niños en la playa". Autor: Joaquín Sorolla. Disponible en varios tamaños, desde 31,80 €.

Cuadro lámina "Niños en la playa", sobre soporte de madera. Disponible en dos acabados diferentes: Texturizado arena o reproducción sobre cristal. Añada si lo desea alguno de nuestros marcos y consiga resultados únicos. Dispone de más información al respecto en las secciones -Tipos de marcos- y -Tipos de acabados-.

Autor: Joaquín Sorolla i Bastida.

Joaquín Sorolla, Bastida, Gascón, Prat, Bux, Tenas, Escorihuela i Sadurní nació en Valencia, el 27 de febrero de 1863, en el seno de una familia humilde, emigrantes turolenses que habrían llegado a Valencia hacia 1853. Con apenas 2 años de edad perdió a sus padres, víctimas de una epidemia de cólera. Fue acogido por su tía Isabel, hermana de su madre, y su marido José Piqueres, de profesión cerrajero, junto con su hermana Eugenia. Pasados los años intentaron enseñarle, en vano, el oficio de la cerrajería, advirtiendo pronto que su verdadera vocación era la pintura.
En 1874 empezó a estudiar el Bachillerato donde le aconsejaron que también se matricularse en las clases nocturnas de dibujo en la Escuela de Artesanos, en Valencia. En ésta última recibió, en 1879, una caja de pinturas y un diploma como premio "por su constante aplicación en el dibujo de figura". Ese mismo año, a la par que trabajaba en el taller de su tío, ingresó en la Escuela Superior de Bellas Artes de San Carlos, en la que estudió junto a pintores como Manuel Matoses, Benlliure o Guadalajara. Fue en la Academia de San Carlos donde conoció a otro alumno, Juan Antonio García, hermano de la que más tarde acabaría siendo su esposa, Clotilde García. En 1880 consiguió una Medalla de Plata por su obra "Moro acechando la ocasión de su venganza" en la exposición de la sociedad 'El Iris'.
Al acabar su formación, comenzó a enviar sus obras a concursos provinciales y exposiciones nacionales de bellas artes, como la de Madrid en mayo de 1881, donde presentó tres marinas valencianas que pasaron sin pena ni gloria pues no encajaban con la pintura oficial, de temática histórica y dramática. Al año siguiente, estudió la obra de Velázquez y otros autores en el Museo del Prado, quedando muy impresionado y que será simepre un referente en su vida como artista. Por fin, en 1883, consiguió una medalla en la Exposición Regional de Valencia y, en 1884, alcanza la gloria al conseguir la Medalla de Segunda Clase en la Exposición Nacional gracias a su obra "Defensa del Parque de Artillería de Monteleón", obra melodramática y oscura hecha expresamente para la exposición; tal y como le dijo a un colega suyo: "Aquí, para darse a conocer y ganar medallas, hay que hacer muertos".
Posteriormente cosecharía otro gran éxito en Valencia con su obra "El crit del palleter" sobre la Guerra de la Independencia. De esta manera, obtuvo una beca de la Diputación Provincial de Valencia para viajar a Roma donde, a la vez que trabajaba, conoció el arte clásico y renacentista, así como los grandes museos, contactando además con otros artistas. Durante los cuatro años que estuvo en Italia, Sorolla pintó temas de la Historia de España, Religión, y temática local. También en estos años, conoce a Jules Bastian−Lepage. Lepage, un gran pintor francés del tiempo, tuvo también una gran influencia en el trabajo de Sorolla. Es Lepage que introduce sus teorías "plenairistas" a Sorolla, instándole a describir la vida con todo su color.
Con su amigo el pintor Pedro Gil se desplazó a París durante el primer semestre de 1885, viviendo de cerca la pintura impresionista que produjo en él, ya de regreso en Roma, variaciones en su temática y estilo. En 1887 enfermó de malaria y una vez repuesto, en mayo, regresa a España y participa con "El entierro de Cristo" en la Exposición Nacional de Bellas Artes. Dicha obra obtuvo apenas un diploma honorífico que, al parecer, rechazó.
En 1888 contrajo matrimonio con Clotilde García en Valencia, aunque vivirían un año más en Italia, esta vez en la localidad de Asís, donde concluye el cuadro "El padre Jofré protegiendo a un loco", lienzo que envió a la Diputación de Valencia en cumplimiento de su beca. En Asís lo acogió como un hermano mayor el pintor José Benlliure y Gil (1855-1937) dada su amistad con la familia Benlliure, y en especial con el hermano pequeño, el escultor Mariano. Fue allí donde estudió en detalle la figura humana y comenzó a realizar numerosas acuarelas.
En 1889 él y su esposa se instalaron en Madrid y, en apenas cinco años, Sorolla alcanzó cierta fama y prestigio como pintor. En 1894 viajó de nuevo a París, donde desarrolló el luminismo, que sería característico de su obra a partir de ahora. Comenzó a pintar al aire libre, dominando con maestría la luz y combinándola con escenas cotidianas y paisajísticas de la vida mediterránea. En obras como "La vuelta de la pesca", "La playa de Valencia" o "Triste herencia", describió el sentimiento que producía la visión del mar Mediterráneo, comunicando el esplendor de una mañana de playa con un colorido vibrante y un estilo suelto y vigoroso. Con "Triste herencia recibió", en 1900, el Grand Prix en el certamen internacional de París. Además siguió con su pintura de denuncia social que tantos éxitos le había reportado en los últimos años con obras como "Y aún dicen que el pescado es caro" (1895). Sorolla durante estos años tiene tres hijos: María Clotilde, Madrid 13 de abril de 1890, Joaquín, Valencia 8 de noviembre 1892 y Elena, Valencia 12 de junio de 1895.
A partir de 1894 el costumbrismo valenciano se va transformando en costumbrismo marinero, aquel que trata de las gentes del mar. La idea primera no es de Sorolla, sino de Ignacio Pinazo Camarlench (Godella, 1849-1916) que la desarrolla en pequeño formato. Este tipo de costumbrismo se mantendrá en la obra del pintor hasta el final de su vida con distintas y variadas técnicas.
Por aquel entonces, Valencia le nombró hijo predilecto y meritorio, y le fue dado su nombre a una calle. Tras muchos viajes por Europa, principalmente Inglaterra y Francia, celebró una exposición en París con más de medio millar de obras, que le dio un reconocimiento internacional inusitado, conociéndose su obra pictórica por toda Europa y América. Expuso su obra en Nueva York en 1909 y cosechó un éxito sin precedente alguno, con obras como "Sol de tarde" o "Nadadores", entre muchas otras. También lo hizo, en 1911, en el Museo de Arte de San Luis y en el Art Institute de Chicago.
A su regreso como triunfador de su primera experiencia norteamericana su paleta vuelve a transformarse potenciando los azules y los falsos blancos dentro de una luminosidad retraída. En noviembre de 1911 firmó un encargo para la Hispanic Society of America por el que realizaría catorce murales que decorarían las salas de la institución: se conocen como 'Visión de España'. Con esta obra realizada entre 1913 y 1919, de tres metros y medio de alto por setenta metros de largo, alzó un imborrable monumento a España, pues en ella se representaban escenas características de diversas provincias tanto españolas como portuguesas. Necesitó de casi todo 1912 para viajar por todo el territorio, realizando bocetos y trabajos de costumbres y paisajes. De esta tarea destacan los óleos pintados en 1916 dedicados a niños y mujeres en las playas de Valencia, donde predomina la libertad de pincelada y la luz de su tierra. Algunos ejemplos son "Madre e hija" o "Pescadora valenciana".
El encargo de la Hispanic Society queda terminado en 1919, por lo que regresa a Madrid y toma posesión de la cátedra de colorido, composición y paisaje en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando. En el mes de junio descansa en Valencia y en agosto se embarca hacia Palma de Mallorca. Se asienta en la Cala de San Vicente de Pollensa, donde recoge distintas panorámicas de esa cala.
En 1914 había sido nombrado académico y, cuando terminó los trabajos para la Hispanic Society, trabajó como profesor de composición y color en la Escuela de Bellas Artes de Madrid. Su pintura representó la aplicación directa del luminismo al paisaje y la figura, acercando por tanto esta tendencia a la sociedad de la época. Su principal discípulo, seguidor del luminismo, fue Teodoro Andreu.
En 1920, mientras pintaba el retrato de la señora Pérez de Ayala en el jardín de su casa en Madrid, padeció un ataque de hemiplejía que mermó drásticamente sus facultades físicas y mentales. Durante tres años su familia intentará su recuperación, llevándole todos los veranos a San Sebastián y Valencia, pero el pintor languidece poco a poco hasta que fallece en la casa de su hija María en Cercedilla, provincia de Madrid, el 10 de agosto de 1923. Por deseo testamentario de su viuda, doña Clotilde García del Castillo, la vivienda familiar y las colecciones que a ella pertenecieran las entregó al Estado español para crear un Museo en memoria de su marido.

Fuente: Wikipedia


- Niños en la playa -

Si hay un pintor que ha sabido captar la luz del Mediterráneo es, sin lugar a dudas, Joaquín Sorolla. Fue un especialista en reflejar en sus obras la luminosidad y la alegría del Levante español. Valencia, su ciudad natal, era su lugar preferido de inspiración y donde encontrará su temática favorita: pescadores, niños bañándose, jóvenes en barco, etc. Por eso los retiros del artista a Valencia van fueron cruciales para su producción. Era habitual encontrarle por las playas captando en sus lienzos a sus gentes y su luz, esa luz dorada y brillante que tan bien ha sabido mostrar Sorolla en sus cuadros. "Niños en la playa" es una de las obras cumbres del pintor. Tres niños aparecen tumbados en la playa, en el lugar donde el agua de las olas se mezcla con la arena, muy cerca de la orilla. Los niños desnudos, como se bañaban en los primeros años de siglo los muchachos de pueblo, demuestran el perfecto dominio del pintor sobre la anatomía infantil. Pero el tema no deja de ser una excusa para realizar un estudio de luz, una luz intensa que resbala por los cuerpos desnudos de los pequeños. Las sombras para Sorolla no son de color negro tal y como dictaba la tradición, sino que tienen un color especial según consideraba el Impresionismo. Por eso aquí emplea el malva, el blanco y el marrón para conseguir los tonos de las sombras. Una de las preocupaciones del pintor eran las expresiones de los rostros, que ha sabido captar perfectamente en el niño que nos mira aunque su cara no esté claramente definida. Observando este cuadro, el espectador puede respirar la atmósfera del Mediterráneo, que Sorolla tan bien conocía.
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